Una revisión a la WWW
Responde antes y después de leer el siguiente texto y de ver la presentación en el salón el siguiente cuestionario:
1. ¿Qué supuso el paso de la Web 1.0 a la Web 2.0?
2. ¿Qué herramientas de la Web 2.0 conocías?
3. ¿Qué herramientas no conocías y qué utilidad didáctica les encuentras? Escoge dos o tres y habla de ellas.
4. En la Web 2.0 el usuario puede comunicarse, crear, compartir información, colaborar y confiar en los demás usuarios. Localiza un ejemplo de herramientas para cada una de esas posibilidades.
5. ¿Sabes qué es el e-learning?
6. ¿Conoces o perteneces a alguna red social? Expresa tu opinión sobre ellas como docente.
7. ¿Cuáles consideras que son las principales características de la Web 2.0?
8. ¿Cómo crees que afectará la web 2.0 al trabajo del alumnado en el aula?
La web 2.0
Durante mucho tiempo hemos considerado la web o Internet como una gran biblioteca universal de carácter borgiano: un almacén infinito de materiales de los que disponer, una fuente de input inagotable e inabarcable. Pero crear materiales para la red era algo complejo de lo que se encargaban profesionales del mundo de la informática con profundos conocimientos de programación y diseño web. Era la etapa de la web 1.0., que terminó oficialmente en el año 2004. Este panorama se ha visto sin embargo alterado por la nueva generación web, la llamada web 2.0, web social o web cooperativa. Si bien es posible que este término siga siendo nuevo para algunos profesionales del mundo ELE, no lo serán ya términos como blog, wiki, podcast o redes sociales; o sus marcas: Blogger, Wikipedia, Facebook o YouTube, que son en este momento las manifestaciones más palpables de esta generación. En esta nueva generación, la web sigue estando repleta de contenido, pero la diferencia es que ya no es necesario poseer conocimientos especiales para crearlo y participar. Cualquiera puede crear un blog, participar en un wiki, subir un vídeo a YouTube o abrir una cuenta en una red social y compartir información en forma de texto, imágenes o vídeo. Lo que define a la web 2.0 es por tanto la posibilidad de participar en la web no solo como receptor de contenido, sino como creador de este, y de compartirlo con los otros cibernautas en cualquier rincón del mundo1. Crear, compartir y participar son los principios básicos de esta segunda generación web.
La perspectiva orientada a la acción se encuadra a su vez dentro del enfoque humanista, que considera que el aprendizaje de una lengua está íntimamente ligado a la construcción de la propia identidad del hablante. La lengua es una herramienta que el hablante utiliza para comprender el mundo, tomar una postura ante él y construir así su propia identidad. En el momento en que un hablante comience a participar en el entorno web, comenzará a construir su identidad digital. Si consideramos que tanto el uso de la lengua como el de la web 2.0 son fenómenos sociales que se basan en la interacción entre los individuos, quedará patente que las identidades lingüística y digital no pueden construirse de forma aislada.
Con la web 2.0 estamos por lo tanto ante un entorno social tecnológico formado por individuos - usuarios de la lengua y de la tecnología web – que interactúan entre sí para resolver tareas comunicativas digitales. A ellas les hemos dado el nombre de “tareas 2.0”.
2. DOS PUNTO CERO
Es evidente que la etiqueta “web 2.0” se ha convertido en los últimos años en un cajón de sastre en el que con mejor o peor fortuna se han ido guardando los retales de muchas aplicaciones digitales de éxito. Si tuviéramos que resumir el proceso en pocas palabras, se consideran 2.0 aquellos servicios digitales que trasladan el centro del poder del webmaster al usuario de a pie, al que ya no se le exigen conocimientos en lenguajes de programación o diseño para crear y compartir contenidos en cualquier formato (texto, audio o imagen). En el centro de la red social están los CMS, siglas en inglés de los sistemas de gestión de contenidos, los auténticos distribuidores de información y opinión. Sin estas aplicaciones, ni blogs, ni Wikipedia, ni YouTube existirían o, al menos, no funcionarían de una manera tan simple e intuitiva como lo hacen en la actualidad.
Es sabido que la primera andanada de servicios colaborativos se agrupó en torno a tres formatos básicos: dos de texto (blogs -de marcado carácter vertical- y wikis, o editores de texto horizontales) y uno de audio (podcasting). Algo más adelante se consolidaron los grandes repositorios de imágenes: YouTube para vídeo y Flickr para fotografías, sobre todo. En una tercera etapa, la actual, la información personal estructurada, ahora sí, en forma de red es la que prima por encima de otros formatos: es el momento de las aplicaciones sociales como Facebook y del microblogging al estilo Twitter.
Desde que Tim O’Reilly tuvo su momento de inspiración y decidió lanzar la marca “web 2.0” para englobar una serie de servicios centrados en la creación masiva y no necesariamente profesional de contenidos, así como en la necesaria separación entre datos y forma, ha pasado ya todo un lustro. Por supuesto, ese no es el momento en el que la llamada web social nace, si no más bien el punto de inflexión a partir del cual los usuarios empiezan a darse cuenta de que ha llegado la hora de cambiar las reglas del juego, al menos en parte. De hecho, los primeros blogs (weblogs como se llamaron originalmente) ya habían hecho su aparición en la segunda parte de la década de los noventa. Debemos tener en cuenta que entre la creación del primer blog (el de Justin Hall, según la mayoría de los especialistas) y el eureka de Tim O’Reilly pasaron diez años.
Como era de esperar, el uso abusivo y generalizado de la etiqueta 2.0 ha dado pie en algunos casos a una infravaloración de las tecnologías que nacieron bajo esa denominación. Mejor suerte no han corrido los adjetivos “social” o “colaborativo”, aunque fijen de manera más precisa la naturaleza de las aplicaciones digitales que han surgido en los últimos años. En cualquier caso, nos
encontramos en un punto en el que la adopción de esos formatos ya no crece tan espectacularmente como en los primeros momentos. Como ocurre con cualquier organismo, a la web colaborativa le ha llegado el momento de madurar y ha pasado de ser un objeto de moda a consolidarse como una estupenda plataforma de intercambio de contenidos, pero sin el halo de originalidad superficial que la acompañaba en sus inicios.
Lo que es evidente es que entre el primer estadio de la web y la llamada red social hay una continuidad natural jalonada de pequeños y grandes saltos en su evolución, así que sin temor a equivocarnos podemos afirmar que el momento actual, el de la consolidación y generalización de los servicios colaborativos, no es más que un punto en la línea vital de la digitalidad. El hecho de que para muchos Facebook haya tomado el relevo a la blogosfera no significa que los blogs hayan muerto, sino más bien que estos últimos simplemente han encontrado su lugar como herramienta de edición y distribución de contenidos, cosa que aún no se puede decir de la mayoría de las redes sociales actuales. Como ocurre a menudo con los conceptos que se ponen de moda, la web 2.0 ha
acabado convirtiéndose en algunos momentos en la caricatura de lo que podía haber sido. Sin duda, se puede decir que se ha hecho de ella una lectura tan superficial como inconsistente. Este proceso de desvalorización progresiva ha tenido lugar porque en demasiadas ocasiones se ha enfocado toda la atención en el formato y no tanto en lo realmente novedoso del asunto. Dentro de la nueva web es el contenido lo que se valora y, en especial, la manera en el que este se distribuye. Si hay una palabra que puede definir certeramente a este fenómeno es el término “conversación”.
En los estudios realizados hasta el momento la red colaborativa se ha encorsetado en una taxonomía rígida, centrada en el formato, que da una imagen de cajonera digital absolutamente falsa. Debemos entender que la conversación se da no solo entre personas sino también entre medios: del blog a Twitter, del podcast a la red social. Importan más los perfiles de los autores y,
lógicamente, su comunidad de intereses que la plataforma o el canal que usen para conversar. Nosotros, como ya hemos apuntado anteriormente, hemos preferido clasificarlos de acuerdo a la manera en la que estos instrumentos permiten a los usuarios hacer circular la información, teniendo en cuenta que todas estas aplicaciones tienen siempre puntos en común:
HERRAMIENTAS VERTICALES: blogs, videoblogging y podcasting, en los que existe una línea editorial, más o menos clara, dependiendo del campo de interés y de la intención de los autores. La información circula todavía desde arriba hacia abajo, pero esta verticalidad se ve frenada por la participación de la comunidad mediante comentarios, habituales en los blogs, aunque más escasos en los otros dos formatos. Un caso extremo es el tumblelog (Tumblr) en el que rara vez se admite la participación del lector.
HERRAMIENTAS HORIZONTALES: wikis, etiquetado social al estilo delicious y repositorios de contenido, entendidos estos en un sentido amplio (YouTube, Flickr, Wikipedia, Jamendo). La figura del editor aquí se desdibuja y la responsabilidad recae ahora de manera íntegra sobre la comunidad de usuarios. Naturalmente, los participantes siguen dejando su huella en este tipo de herramientas (en el histórico del wiki, en la cuenta de YouTube), pero en estos casos con un valor secundario.
HERRAMIENTAS RETICULARES: servicios al estilo Digg, microblogging y redes sociales (Facebook, MySpace, Xing, Tuenti). Estos servicios tienen en común que, partiendo del perfil individual se llega a la red de amigos, conocidos o seguidores. Los resultados del uso de estas redes dentro de la red son muy variados y van desde la gestión compartida de la información hasta la escritura cuasi sincrónica de Twitter. Buena parte de estos servicios resultan opacos a la red, porque se encierran en su comunidad de usuarios y no permiten la libre circulación de los contenidos.
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Si tuviéramos que obtener los denominadores comunes de las herramientas 2.0 podríamos quedarnos con los siguientes:
LECTO-ESCRITURA
Los usuarios, que en los primeros años de la web se limitaban a leerla, ahora exigen tener la posibilidad de participar en ella, es decir, han pasado de ser meros consumidores a prosumidores (productores + consumidores) de la información. Cualquiera puede crear productos comunicativos y compartirlos con la comunidad en las tres dimensiones que hemos visto con anterioridad (verticalidad, horizontalidad, reticularidad). Se invierten las relaciones de autoría, propiedad, y jerarquía.
CONTENIDOS COMPARTIDOS
Esta creación se comparte con otros para aprender con ellos hasta que se crea una comunidad, a través de aplicaciones de marcado carácter social, como veremos más adelante. Esto permitirá un aprendizaje cooperativo y la creación social del conocimiento. En este sentido, es fundamental el uso de las licencias Creative Commons o las GFDL (GNU Free Documentation License), que facilitan la circulación libre y la reutilización de la información.
FORMA VS. CONTENIDO
El hecho de que para crear un blog o subir un vídeo a YouTube no necesitemos ningún conocimiento de lenguajes de diseño web o de programación tiene unas repercusiones que van más allá de la facilidad de uso. El hecho de permitir el acceso a la producción y gestión de contenidos ha significado un auténtico movimiento de democratización de la red y, por lo tanto, la inclusión de millones de voces a la gran conversación. Sin lugar a dudas, la generalización de los CMS o gestores de contenidos ha permitido que se dé ese traspaso de poder del webmaster -dueño y señor de la información en la web primigenia- al usuario sin amplios conocimientos tecnológicos, pero probablemente con mucho que contar a su comunidad de intereses.
SOCIAL
En este segundo estado de la web, se ha conseguido establecer una relación realmente reticular entre los usuarios, los cuales además se han convertido en auténticos nodos distribuidores, consumidores y generadores de información. Así pues, podemos afirmar que la red 2.0 se centra en el usuario y, sobre todo, en la conversación entre esos nodos, creando una vastísima interacción digital.
EN RESUMEN, ES UNA ACTITUD
Si tenemos en cuenta los presupuestos anteriores podemos llegar a la conclusión de que como dice Christian Van Der Henst, la web 2.0 no es una tecnología, es una actitud. Y como tal solo se da cuando se produce un cambio de paradigma, una forma distinta de ver las cosas. La red social no es solo una panoplia de formatos o aplicaciones y, por lo tanto, va más allá de las herramientas digitales (Conejo, 2009).
Aportaciones de las TIC al desarrollo de contenidos de otras áreas.
Con la utilización de herramientas informáticas por parte del alumnado se pueden trabajar contenidos de todas las áreas motivando al alumnado en la realización de las tareas. Dentro de estas herramientas tiene un papel fundamental el uso de internet en las aulas, y dentro de internet se puede utilizar el correo electrónico para la comunicación, los buscadores para la búsqueda de información en la realización de trabajos monográficos, o el uso de un blog escolar cuyas características y ventajas educativas se detallan a continuación.
Algunos ejemplos prácticos en las diferentes áreas curriculares son:
- Matemáticas: utilización de juegos informáticos donde el alumnado pone en práctica su razonamiento matemático y el pensamiento estratégico.
- Lengua y Literatura: Mediante la mecanografía y procesadores de texto el alumnado mejora su conocimiento del lenguaje.
- Expresión Plástica: Con herramientas informáticas el alumnado puede realizar acciones creativas /o musicales que mejoraran su creatividad.
- Educación Física: Puede ser utilizado para la realización de trabajos monográficos, o para la visualización y corrección de errores en la ejecución de tareas motrices.
- Ciencias Naturales y Sociales: Internet se configura como una herramienta que va a permitir al alumnado visualizar los contenidos trabajados para facilitar las enseñanzas de asignaturas como Geografía o Biología entre otras (Trujillo Navas, 2009).